El registro. Una novela mexicana, una madrileña y una rioplatense no comparten diálogo, y el modelo tiende a un neutro que no es ninguno. Fija la variedad al empezar y el diálogo cambia; si el neutro es una decisión para vender en todo el mercado, que sea una decisión.
Los calcos. "Estoy bien con eso", "hizo una pausa por un momento", "tuvieron un momento": frases que delatan una escena pensada en inglés. Pedir la novela en español desde la premisa, con instrucciones en español, reduce la mayoría; la lectura en voz alta elimina el resto.
El símil. Algunos modelos meten una comparación cada cuatro frases. Se nota más en español, donde la prosa narrativa tolera menos ornamento. Es edición de frase, no de trama, y los asistentes la hacen bien si les pides quitar y no añadir.
La puntuación del diálogo. La raya de diálogo española, los signos de apertura, la coma antes del inciso. Un modelo que aprendió sobre todo en inglés pone comillas y olvida los signos de apertura. La herramienta de novela tiene que formatearlo o el editor tiene que arreglarlo antes del archivo.
El audiolibro. Las voces en español narran una novela con naturalidad y el audiolibro es un segundo producto en las tiendas que lo admiten. En la plataforma, el 0,7% de las novelas en español ya lo tiene. Cómo se hace, en el generador de audiolibros.