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Chapter 1
La puerta que se cierra sola
El silbato de Cultura Física todavía le vibraba en los oídos cuando Samantha empujó la puerta del salón con el hombro. Tenía el cabello pegado a la nuca, los lentes empañados y la camiseta húmeda bajo la sudadera. Solo quería recuperar su mochila, ponerse algo seco y salir antes de que Ronny encontrara otra manera de arruinarle la tarde. - Muévete - dijo él detrás de ella -. No todos tenemos piernas de jirafa.
Samantha entró sin mirarlo. Era alta, delgada, y aun así Ronny, casi de su mismo tamaño, conseguía ocupar demasiado espacio cada vez que se acercaba. Su piel morena brillaba por el sudor; las pecas sobre su nariz parecían más oscuras después del entrenamiento. Samantha odiaba notar esas cosas. Odiaba todavía más que su cuerpo las notara antes que su cabeza. - Puedes esperar afuera - respondió, dejando la botella sobre un pupitre -. Nadie te obliga a seguirme. - Créeme, si hubiera otra forma de recuperar mi mochila sin escucharte respirar como si fueras la dueña del edificio, la usaría.
Ella se quitó los lentes, los limpió con el borde de la camiseta y lo observó por encima del armazón. - Qué suerte la mía. Cinco minutos a solas y ya estás actuando como si no hubieras pasado todo el partido buscándome.
Ronny se detuvo junto a la puerta. La sonrisa que le apareció no tenía nada de amable. - Te estaba marcando. - Me estabas siguiendo. - La diferencia depende de quién va ganando.
El salón olía a polvo, sudor y madera caliente. Afuera, el pasillo seguía lleno de voces: compañeros que gritaban, casilleros cerrándose, zapatillas arrastrándose contra el piso. Samantha se agachó para sacar su mochila de debajo del escritorio. Ronny pasó detrás de ella, tan cerca que el dorso de su mano rozó su hombro.
No fue un accidente. Los dos lo supieron.
Samantha se incorporó de golpe. - No me toques.
Ronny levantó las manos, pero no retrocedió. - Ni siquiera te he tocado de verdad.
La frase le cayó en la piel como una provocación. Samantha volvió a ponerse los lentes, aunque las almohadillas todavía estaban húmedas y todo se veía ligeramente borroso. - Eso es lo que más te gusta, ¿no? Decir cosas y fingir que no significan nada.
La sonrisa de Ronny se apagó un poco. - Tú eres la experta en fingir.
El ruido del pasillo se cortó de pronto.
Samantha tardó un segundo en darse cuenta. El silencio no era total; se oía el zumbido de las luces y una tubería golpeando dentro de la pared. Pero las voces habían desaparecido, como si alguien hubiera cerrado una ventana enorme.
Ronny miró hacia la puerta. - ¿Ya se fueron? - No puede ser. Apenas terminó la clase.
Samantha dejó la mochila sobre el pupitre y cruzó el salón. Tomó el picaporte. Estaba frío. Bajó la manija y empujó.
La puerta no cedió.
Volvió a intentarlo con más fuerza. El metal crujió, pero la hoja permaneció en su sitio. - Está trabada - dijo. - Qué observadora. - Cállate.
Ronny se acercó y puso la mano sobre la de ella. Samantha la retiró enseguida. Él bajó la mirada hacia sus dedos, luego al rostro de ella. - No voy a hacerte nada, Samantha. - No te creo. - Eso no es nuevo.
Ronny probó el picaporte. Tiró una vez, después otra. La puerta vibró dentro del marco. - Quizá la cerraron desde afuera. - Nadie sabía que estábamos aquí. - Tú sabías. - Y tú también. - Entonces estamos igual de idiotas.
Samantha sacó el teléfono del bolsillo de la sudadera. La pantalla mostraba poca batería y ninguna señal. Intentó llamar a una compañera. El tono ni siquiera comenzó; la llamada murió con un mensaje de error. - Perfecto - murmuró. - ¿A quién llamaste? - A alguien que no me pregunta cosas obvias. - Entonces no fue a tu mejor amiga.
Samantha lo fulminó con la mirada. Ronny conocía demasiado bien sus silencios, sus gestos, la forma en que apretaba los labios cuando estaba a punto de perder la paciencia. Antes sabía leerla para cuidarla. Ahora parecía usar cada detalle como un arma. - Voy a gritar - dijo ella. - Hazlo. - ¿Y si nos escuchan? - Ese es el objetivo.
Samantha tomó aire y golpeó la puerta con la palma. - ¡Hola! ¡Hay alguien afuera!
La respuesta fue un eco corto que regresó desde el pasillo vacío.
Ronny miró el techo. - Otra vez. - ¡Ayuda! ¡La puerta no abre!
Nada.
Samantha volvió a golpear, esta vez con el puño. El dolor le subió por los dedos. Ronny le sujetó la muñeca antes de que lo hiciera de nuevo. - Te vas a lastimar. - Suéltame.
Él obedeció al instante. La mano de Ronny quedó suspendida entre ambos, como si también hubiera recordado que cualquier contacto podía convertirse en otra cosa. - No quiero que te lastimes - dijo. - No te corresponde querer nada de mí.
La frase salió más afilada de lo que esperaba. Ronny la recibió sin apartar la vista. - Eso también lo dices cuando sí quieres que me acerque.
El aire del salón pareció calentarse. Samantha sintió el sudor enfriándosele en la espalda, la humedad atrapada bajo la ropa deportiva, el pulso rápido en la muñeca que él acababa de soltar. - No confundas costumbre con deseo. - Nunca los confundí. - Claro. Por eso terminamos.
Ronny apretó la mandíbula. Las pecas de su rostro se tensaron con el movimiento. - Terminamos porque decidiste que era más fácil odiarme que preguntarme la verdad. - La verdad era bastante visible. - No para ti. - Te vi salir de ese lugar con ella. - Y yo te vi besar a alguien en la fiesta.
Samantha sintió que el salón se inclinaba apenas. Habían discutido aquello tantas veces que las palabras ya parecían gastadas, pero seguían cortando en el mismo sitio. - Tú ya no estabas conmigo. - Porque me dijiste que no querías volver a verme. - Porque tú me mentiste. - Porque pensé que te ibas a ir.
La confesión quedó entre los dos, desnuda y absurda.
Samantha parpadeó. Ronny apartó la mirada hacia las filas de pupitres. - ¿Qué significa eso? - Significa que me porté como un imbécil. - Eso ya lo sabía. - No, no lo sabías todo.
La puerta permanecía cerrada. El pasillo, mudo. Samantha miró su teléfono otra vez; la hora avanzaba, pero nadie llamaba, nadie golpeaba, nadie preguntaba por ellos. El encierro dejó de parecer un inconveniente y empezó a sentirse como una mano cerrándose alrededor del salón. - Tenemos que hacer que alguien nos oiga - dijo ella, más bajo. - Podemos esperar. - No voy a esperar a que nos encuentren por casualidad. - ¿Te preocupa que nos encuentren juntos? - Me preocupa que nadie se dé cuenta.
Ronny la observó con algo distinto en los ojos. No era burla. Tampoco triunfo. - A mí también.
Samantha odiaba que esa coincidencia le aflojara la rabia. Se volvió hacia las ventanas. Estaban altas, con los pestillos viejos y el vidrio opaco por el polvo. Afuera se veía una franja de cielo y la pared lateral del gimnasio. Demasiado alto para salir sin romper algo. - Podríamos lanzar una silla - dijo Ronny. - Y explicar por qué destruimos una ventana. - Podríamos explicar que nos encerraron. - Si alguien nos escucha. - Entonces grita más fuerte. - No me des órdenes. - No te estoy dando órdenes. Te estoy pidiendo que no actúes como si estar atrapada conmigo fuera peor que quedarte aquí toda la tarde.
Samantha se giró. - No sabes lo que es estar atrapada conmigo.
Ronny dio un paso. Ella no retrocedió, aunque el borde del pupitre le chocó contra la parte posterior de las piernas. - Sí lo sé - dijo él -. Fui yo quien te dejó salir.
La cercanía le devolvió recuerdos que no quería: sus manos en la cintura, su voz contra su cuello, las noches en que se encontraban a escondidas y se juraban que no significaba nada. Siempre acababan buscándose. Siempre terminaban separados antes de que amaneciera.
Ronny levantó la mano despacio, esperando. Samantha pudo apartarse. No lo hizo.
Él le acomodó un mechón húmedo detrás de la oreja, sin tocar los lentes. - Dime que pare - susurró.
Samantha tragó saliva. - No hagas eso. - ¿Qué cosa? - Hablar como si todavía te importara.
La expresión de Ronny se quebró apenas. - Todavía me importas.
Ella cerró los ojos un instante. Aquello era peor que una provocación. Era la frase que había querido escuchar cuando todavía estaban juntos, antes de que las sospechas y el orgullo les arrancaran todo. - No basta. - Lo sé. - Entonces no lo digas. - No sé hacer otra cosa contigo.
Samantha abrió los ojos. Ronny seguía allí, cerca, esperando permiso incluso con la rabia encima. Esa paciencia la desarmó más que cualquier sonrisa. - Si alguien entra… - Nos separamos. - Y si nos oyen… - Hacemos como que discutíamos. - Eso sí nos sale bien.
Ronny soltó una risa breve, sin alegría. Samantha debería haberse apartado. En cambio, apoyó una mano en su pecho. Bajo la camiseta húmeda, su respiración golpeaba con fuerza. - Solo un momento - dijo ella. - Samantha… - No prometas nada. No preguntes nada. Solo…
No terminó. Ronny inclinó el rostro y la besó.
El primer contacto fue contenido, casi cuidadoso. Después Samantha tiró de su camiseta y todo lo que habían estado reteniendo se volvió más difícil de controlar. El sabor salado de su piel, el roce de sus lentes contra la sien de él, el aire entrecortado que se escapaba cada vez que alguno intentaba hablar. Ronny le sujetó la cintura; ella le clavó los dedos en los hombros. - ¿Esto también es costumbre? - murmuró contra su boca. - Cállate. - Me lo pides mucho.
Samantha lo besó para que dejara de hablar. Ronny respondió con una intensidad que le hizo olvidar la puerta durante unos segundos. Sus manos se movieron con cuidado, deteniéndose cada vez que ella tensaba el cuerpo. - ¿Está bien? - preguntó él, con la frente apoyada en la de ella.
Samantha miró la puerta cerrada, luego su rostro. - Sí. Pero no significa que te perdone. - No te lo estoy pidiendo. - Bien. - Solo quiero que no mientas sobre esto.
La frase le atravesó la respiración. Samantha no supo si quería besarlo o empujarlo. Eligió ambas cosas: lo apartó apenas y volvió a acercarse, furiosa por la forma en que él todavía podía hacerla sentir vista.
Un golpe retumbó en el pasillo.
Los dos se separaron. - ¿Escuchaste? - susurró Samantha.
Otro golpe, más lejano. Después, voces apagadas.
Samantha corrió hacia la puerta y tanteó el picaporte. Ronny se colocó a su lado. - ¡Estamos aquí! - gritó ella -. ¡La puerta se trabó!
Las voces parecieron acercarse. Se oyeron pasos, una risa, el tintineo de unas llaves.
Samantha bajó la manija con desesperación. Esta vez cedió un poco. La puerta se abrió apenas un par de centímetros, dejando entrar una franja de luz del pasillo. - ¡Ayuda! - gritó Ronny.
Samantha empujó con el hombro. La abertura creció, pero el marco se quejó y la puerta comenzó a cerrarse sola, arrastrada por el resorte defectuoso. - ¡Sujétala! - dijo ella.
Ronny metió el pie en el espacio. La puerta se detuvo un instante. Afuera, las voces se alejaron. - ¡Oigan! - llamó Samantha, pegando la boca a la rendija -. ¡Estamos encerrados!
Nadie respondió.
El pie de Ronny resbaló. La puerta volvió a moverse. Samantha agarró el picaporte con las dos manos, pero la hoja se cerró de golpe entre sus dedos y el marco.
El clic de la cerradura sonó demasiado fuerte.
Ronny la miró. Tenía los labios enrojecidos y la camiseta torcida. Samantha sintió el calor de su cuerpo todavía pegado al suyo, la vergüenza, el deseo y el miedo mezclándose en un nudo imposible. - Ahora sí - dijo él, respirando cerca -. Estamos atrapados.
Samantha apoyó la frente contra la puerta. Del otro lado, el pasillo volvió a quedarse en silencio. - No - susurró -. Ahora sí estamos solos.
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What's inside: 5 chapters
- 1. La puerta que se cierra sola
- 2. Odio viejo, miradas nuevas
- 3. La excusa del silencio compartido
- 4. La verdad que no se dice
- 5. Ronny la revienta con decisión
About this book
"Samantha Y Ronny En Atrapados" is a romance book by YEPEZ ORTIZ VICTORIA GABRIELA with 5 chapters and approximately 11,078 words. Romance erótico entre ex novios atrapados en un salón de clases..
This book was created using Inkfluence AI, an AI-powered book generation platform that helps authors write, design, and publish complete books. It was made with the AI Romance Novel Writer.
Frequently Asked Questions
What is "Samantha Y Ronny En Atrapados" about?
Romance erótico entre ex novios atrapados en un salón de clases.
How many chapters are in "Samantha Y Ronny En Atrapados"?
The book contains 5 chapters and approximately 11,078 words. Topics covered include La puerta que se cierra sola, Odio viejo, miradas nuevas, La excusa del silencio compartido, La verdad que no se dice, and more.
Who wrote "Samantha Y Ronny En Atrapados"?
This book was written by YEPEZ ORTIZ VICTORIA GABRIELA and created using Inkfluence AI, an AI book generation platform that helps authors write, design, and publish books.
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