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Chapter 1
La puerta bajo la tormenta
La séptima estrella desapareció justo cuando el reloj del pasillo dio las doce, y el cristal de la ventana vibró como si alguien hubiera golpeado desde el otro lado.
Darian alzó la vista. Sobre los tejados mojados, la constelación parecía una mano incompleta: seis puntos de luz unidos por líneas pálidas y, en el lugar de la séptima, una oscuridad redonda que no pertenecía al cielo. La tormenta cubría el pueblo con relámpagos azulados. Cada destello encendía por un instante las ramas del jardín y las convertía en dedos retorcidos.
En su palma, la brújula de Aldren comenzó a girar.
—No otra vez —murmuró Darian.
La aguja no señalaba el norte. Dio una vuelta completa, tembló y se detuvo hacia el techo.
Desde que Aldren Veyr había desaparecido, la brújula se había comportado así tres veces. Siempre durante tormentas. Siempre apuntando hacia algún lugar de la casa. Darian había registrado los armarios, el sótano y hasta el hueco detrás de la chimenea. Solo quedaba el desván.
Guardó la brújula en el bolsillo y subió corriendo.
La escalera crujió bajo sus botas. El viento silbaba por las rendijas de las ventanas, y una gotera golpeaba el suelo con una regularidad insoportable. Al llegar al último peldaño, Darian empujó la trampilla. Una ráfaga helada le azotó la cara.
El desván estaba a oscuras, salvo por los relámpagos que entraban a través del pequeño ventanuco. Las cajas de Aldren se apilaban bajo las vigas inclinadas: mapas enrollados, herramientas oxidadas, libros cubiertos de polvo. En una pared colgaba todavía el abrigo gris de su abuelo. La manga se movió con el viento.
Darian sacó la brújula.
La aguja apuntaba a una pila de baúles.
—Sabía que escondías algo —dijo, aunque Aldren llevaba casi un año sin estar allí para oírlo.
Apartó una caja y luego otra. El polvo le raspó la garganta. Debajo del último baúl encontró una tabla distinta, más oscura que las demás. Tenía grabada una estrella de siete puntas.
Darian pasó los dedos por el dibujo. La madera estaba tibia.
La brújula vibró con tanta fuerza que casi se le escapó.
—Darian.
Astrid apareció por la trampilla con una linterna en una mano y un cuaderno bajo el brazo. Tenía el cabello húmedo y las gafas salpicadas de lluvia.
—Te vi subir —dijo—. ¿Qué está pasando?
—La estrella. Desapareció.
Astrid miró hacia el ventanuco. Otro relámpago reveló el hueco negro de la constelación.
—No desapareció detrás de una nube.
—No.
—Entonces no puede ser una estrella normal.
—Aldren sabía algo.
Astrid se arrodilló junto a la tabla y examinó la marca.
—Esta figura aparece en sus cartas. La constelación de los Siete Faros. Pensé que era una alegoría.
—Mi abuelo no guardaba alegorías. Guardaba cosas que no quería que encontráramos.
Una carcajada nerviosa subió desde la escalera.
—Qué bonito. Me encanta llegar justo cuando la casa empieza a revelar secretos familiares.
Orion asomó la cabeza por la trampilla. Llevaba una manta sobre los hombros y sostenía una lámpara de aceite que se apagó en cuanto un trueno sacudió el tejado.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó Darian.
—Porque Astrid salió corriendo bajo la lluvia diciendo que ibas a hacer algo estúpido. Vine a asegurarme de que no lo hicieras solo.
—No voy a hacer nada estúpido.
La tabla se abrió con un chasquido.
Los tres retrocedieron.
Debajo no había vigas ni ladrillos. Una luz azul subió desde la oscuridad y dibujó un rectángulo en el suelo. La madera se plegó hacia dentro, como si fuera agua, y dejó al descubierto una puerta vertical escondida entre las paredes del desván.
No tenía pomo. En su centro brillaba una cerradura con la forma de una estrella incompleta.
Orion tragó saliva.
—Retiro lo dicho. Esto es exactamente el tipo de cosa que una persona sensata debería dejar cerrada.
Darian se acercó. La brújula, dentro de su mano, apuntaba a la cerradura.
—Aldren quería que la encontrara.
—O quería que alguien la encontrara después de su muerte —replicó Astrid—. No es lo mismo.
Darian apoyó la brújula sobre la estrella. El metal encajó como una pieza hecha para ese lugar.
Al otro lado de la puerta sonó algo parecido a una campana muy lejana.
La cerradura se abrió.
El desván cambió.
Las cajas se deslizaron solas hacia las paredes. El suelo se inclinó bajo sus pies y las vigas comenzaron a estirarse, perdiéndose en una altura imposible. La lluvia dejó de golpear el tejado. En su lugar, un rumor profundo recorrió la casa, como si un océano entero se hubiera levantado al otro lado de los muros.
Astrid agarró el brazo de Darian.
—Saca la brújula.
—No puedo.
La puerta se entreabrió. Más allá había un sendero de piedra suspendido sobre un vacío violeta. Montañas flotaban a lo lejos, atravesadas por cascadas que no caían, sino que permanecían colgadas en el aire como cintas de cristal. Sobre ellas brillaban seis estrellas enormes. La séptima era un círculo apagado, tan negro que parecía absorber la luz alrededor.
Darian dio un paso.
El frío que salió del umbral le mordió las mejillas. Oyó un murmullo entre las piedras. No era una voz, pero pronunció un nombre.
Aldren.
—Está ahí —dijo Darian.
—¿Dónde? —preguntó Orion.
—No lo sé. Pero está ahí.
Astrid lo soltó.
—Darian, espera. No sabemos qué es ese lugar, ni cuánto tiempo lleva abierta la puerta, ni si podemos volver.
—Si la cerramos, quizá no vuelva a abrirse.
—Y si cruzamos, quizá no volvamos nosotros.
Darian miró la oscuridad donde debía estar la séptima estrella. Después pensó en el abrigo gris de Aldren, en las cartas sin terminar sobre su escritorio y en aquella última noche en que su abuelo le había dicho que algunas respuestas llegaban tarde porque primero debían aprender a encontrar el camino.
—Voy a cruzar.
Orion dejó escapar un suspiro.
—Sabía que dirías eso.
—No tienes que venir.
—Claro que tengo que venir. Alguien tendrá que recordarte que morir en otro mundo sigue siendo morir.
Astrid cerró el cuaderno y se lo guardó bajo la chaqueta.
—Yo también voy.
Darian la miró.
—No tienes que hacerlo.
—La estrella desaparecida no es una ilusión. Si cruzas solo, perderé la oportunidad de averiguar qué la hizo desaparecer. Y no pienso dejar que Orion sea el único testigo de tu estupidez.
—Oye —protestó Orion—. Mi testimonio habría sido excelente.
Un relámpago blanco atravesó el desván. La puerta empezó a cerrarse.
El sendero del otro lado se estrechó. Las montañas flotantes se alejaron como barcos arrastrados por una corriente invisible.
—¡Ahora! —gritó Astrid.
Darian saltó primero.
La piedra bajo sus botas estaba húmeda y tibia. Durante un instante quedó suspendido entre ambos mundos: detrás, el desván azotado por la tormenta; delante, el cielo violeta de Asteria. La brújula ardió en su mano.
Astrid cruzó tras él. Orion alcanzó el umbral justo cuando la puerta se cerraba con un gemido metálico.
—¡No me gusta esta parte! —gritó.
Darian se volvió y le tendió el brazo. Orion lo agarró, pero una sacudida lanzó la puerta hacia dentro. El borde le golpeó el hombro. Astrid se aferró a la cintura de Darian y entre los dos tiraron de él.
El marco comenzó a deshacerse.
—¡Suéltame! —dijo Orion—. ¡Si me arrancan el brazo, no podré hacer chistes!
—¡No pienso soltarte!
Darian clavó una rodilla en la piedra. La brújula se calentó hasta quemarle la piel. En la distancia, las seis estrellas brillaron al mismo tiempo. La séptima apagada respondió con una grieta negra que recorrió el cielo.
Algo se movió dentro de la abertura.
No era una criatura. Era una silueta alta, formada por fragmentos de noche. Extendió una mano hacia ellos.
Darian tiró de Orion con todas sus fuerzas.
El muchacho cayó sobre el sendero. Astrid rodó a su lado. La puerta se cerró de golpe.
Durante unos segundos solo se oyó el eco del trueno.
Darian se incorporó y golpeó el marco.
—¡Abrid!
La piedra no respondió. Donde había estado la puerta solo quedaba una pared lisa, atravesada por una línea plateada que se apagó lentamente.
Orion se sentó, sujetándose el hombro.
—Bueno —dijo con una mueca—. La parte de volver a casa parece complicada.
Astrid se acercó a la pared y pasó los dedos por la superficie. Su rostro, iluminado por las estrellas, había perdido el color.
—No hay bisagras. Ni cerradura. Ni rastro de la abertura.
Darian apretó la brújula. La aguja ya no señalaba la casa. Apuntaba hacia el horizonte, donde un océano suspendido flotaba sobre un valle de nubes. En sus aguas invertidas se reflejaban ciudades luminosas y torres que parecían crecer hacia abajo.
A lo lejos, una campana sonó una vez.
Luego otra.
En la tercera, una voz llegó desde las montañas.
—El séptimo ha cruzado.
Darian se volvió.
En el extremo del sendero, entre columnas de piedra azul, había una mujer con una lanza de cristal. Su capa se agitaba sin viento. A su lado, un hombre alto sostenía una antorcha cuya llama ardía hacia el suelo.
La mujer alzó el arma.
—Decidme quiénes sois y por qué traéis la brújula de Aldren Veyr.
Darian sintió que el nombre de su abuelo atravesaba el mundo como una llave.
—Soy Darian —respondió—. Y he venido a encontrarlo.
La mujer no bajó la lanza.
Detrás de ellos, la pared sellada emitió un último chasquido.
El camino de regreso desapareció.
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What's inside: 5 chapters
- 1. La puerta bajo la tormenta
- 2. El precio de ser guardián
- 3. La verdad bajo Lúmina
- 4. La séptima luz renace
- 5. Un cielo sin sacrificios
About this book
"La Séptima Estrella Apagada" is a fiction book by Anonymous with 5 chapters and approximately 9,670 words. Una aventura fantástica para restaurar una estrella y salvar dos mundos.
This book was created using Inkfluence AI, an AI-powered book generation platform that helps authors write, design, and publish complete books. It was made with the AI Novel Writer.
Frequently Asked Questions
What is "La Séptima Estrella Apagada" about?
Una aventura fantástica para restaurar una estrella y salvar dos mundos
How many chapters are in "La Séptima Estrella Apagada"?
The book contains 5 chapters and approximately 9,670 words. Topics covered include La puerta bajo la tormenta, El precio de ser guardián, La verdad bajo Lúmina, La séptima luz renace, and more.
Who wrote "La Séptima Estrella Apagada"?
This book was written by Anonymous and created using Inkfluence AI, an AI book generation platform that helps authors write, design, and publish books.
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