El Nuevo Comienzo De Sebasflow
Fiction

El Nuevo Comienzo De Sebasflow

by Sebastian Briones · 2026-10-16

La nueva etapa de Sebasflow mientras persigue su sueño de ser cantante

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Chapter 1

La audición bajo la lluvia

La lluvia golpeaba los toldos de la Plaza del Mercado con un ritmo irregular, como si alguien aporreara una batería rota. Sebasflow permanecía junto a la fuente, con la capucha empapada y los dedos cerrados alrededor de un micrófono que apenas había logrado conseguir.

A unos metros, el escenario al aire libre brillaba bajo los focos. Un cartel de colores anunciaba el concurso musical de la tarde, aunque varias letras se habían despegado y colgaban del marco. La gente se refugiaba bajo los puestos de frutas, las lonas y los balcones. Nadie parecía dispuesto a escuchar canciones.

Sebasflow miró el escenario y luego bajó la vista hacia sus zapatillas, hundidas en un charco.

—Tal vez ya está —murmuró—. Tal vez esto no es para mí.

La frase se perdió entre el trueno y el ruido de las persianas metálicas. Llevaba semanas intentando encontrar una oportunidad concreta. Había cantado en habitaciones vacías, frente al espejo, con una pista prestada que se cortaba justo cuando empezaba a tomar confianza. Había escrito frases en papeles sueltos, pero ninguna canción terminada. Ni banda, ni representante, ni un lugar donde demostrar que podía hacer algo más que soñar.

Aquel concurso había aparecido esa misma mañana, anunciado en una pizarra junto al mercado. “Audiciones abiertas. Inscripción hasta las cinco.” Sebasflow había llegado tarde, sin preparación y sin saber siquiera si el escenario seguiría en pie con aquel aguacero.

Un hombre con impermeable amarillo corrió desde la tarima hasta la entrada lateral. Llevaba una carpeta contra el pecho y una expresión de cansancio.

—¡Se suspende hasta nuevo aviso! —gritó—. ¡El acceso está bloqueado!

Sebasflow levantó la cabeza.

—¿Suspendido? ¿Pero el concurso sigue?

—Si conseguimos que no se vaya la electricidad, quizá. Pero no se puede subir al escenario. La rampa está inundada.

El hombre señaló el pasillo que conducía a la tarima. El agua bajaba desde una calle inclinada y se acumulaba frente a las vallas. Una caja de conexiones descansaba sobre dos ladrillos, rodeada por un hilo de espuma sucia. Cada pocos segundos, una luz del escenario parpadeaba.

Sebasflow apretó el micrófono. El plástico estaba frío y resbaladizo.

—Solo necesito cantar un minuto.

—Todos necesitan solo un minuto.

—No tengo otra oportunidad.

El hombre lo observó por encima de la carpeta. No pareció impresionado.

—Entonces espera a que despejen el paso.

Sebasflow miró hacia la calle. Dos personas intentaban empujar una barrera metálica, pero el agua les llegaba a los tobillos. Más atrás, el público comenzaba a dispersarse. Un niño golpeaba una cubeta como si fuera un tambor. Una mujer protegía su bolso bajo el abrigo. Los puestos cerraban uno tras otro y el mercado se iba quedando sin luces.

El concurso desaparecería antes de que él pudiera acercarse.

Sebasflow tragó saliva. En el bolsillo llevaba su teléfono, una libreta pequeña y un cable que había comprado de segunda mano. El cable era su única conexión con una pista instrumental guardada en el aparato. También era la única parte de su plan que podía fallar.

—¿Dónde está el encargado del sonido? —preguntó.

—En la cabina, si no se ha mojado.

—Necesito conectar esto.

—No hay enchufes seguros.

—Entonces canto sin pista.

El hombre soltó una risa breve, sin alegría.

—¿Sin banda? ¿Sin canción terminada? ¿Con este ruido?

Sebasflow sintió que aquellas palabras pesaban más que la lluvia. Eran exactamente las dudas que había intentado esconder durante semanas.

—Sí —respondió—. Sin todo eso.

Un relámpago iluminó la plaza. Durante un segundo, el escenario pareció estar al alcance de su mano. Después, una ráfaga de viento arrancó una lona y la lanzó contra las vallas. El golpe hizo que varias personas gritaran.

El hombre del impermeable se volvió hacia el escenario.

—No puedes pasar por ahí.

Sebasflow observó la estructura. La rampa principal estaba cerrada, pero detrás de los puestos había un camino estrecho que bordeaba la fuente y llegaba hasta un lateral de la tarima. El suelo estaba cubierto de cajas vacías, hojas mojadas y cables protegidos con cinta. No era un acceso. Era apenas un espacio entre el muro y la parte trasera del escenario.

—¿Y por detrás?

—Peor. Hay equipo tirado y el piso está resbaladizo.

—Puedo tener cuidado.

—No es una invitación.

Sebasflow guardó el teléfono en el bolsillo interior de la chaqueta y avanzó antes de que el hombre pudiera detenerlo. El agua le cubrió los bordes de las zapatillas. Se agarró al muro, pasó junto a una pila de cajones y esquivó un altavoz cubierto con plástico. Cada paso hacía crujir algo bajo sus pies.

—¡Sebasflow! —gritó el hombre.

Él se detuvo. No recordaba haberle dicho su nombre, pero el hombre debió verlo en la inscripción de la pizarra.

—¡Vuelve!

Sebasflow miró el escenario desde el costado. El borde de la tarima quedaba a la altura de su cintura. Encima, un micrófono esperaba en un soporte vacío. El cable serpenteaba hacia la cabina, donde una luz roja seguía encendida.

No había llegado hasta allí para regresar.

Apoyó una mano en la estructura y subió. La madera mojada cedió bajo su peso. El pie derecho resbaló y golpeó el borde, pero consiguió aferrarse a una barra metálica. El micrófono que llevaba se le escapó de la mano y cayó al agua.

—¡No! —exclamó.

Saltó de nuevo al suelo y lo recogió. La rejilla estaba llena de gotas. Lo sacudió, golpeó suavemente la base y presionó el interruptor. Una luz azul parpadeó.

—Vamos —susurró—. No me hagas esto.

El hombre del impermeable llegó hasta él, respirando con dificultad.

—Baja ahora mismo.

—¿Funciona?

—No lo sé.

Sebasflow acercó el micrófono a la boca.

—¿Me escuchan?

La voz salió distorsionada por los altavoces. Un chillido agudo atravesó la plaza y obligó a todos a taparse los oídos. La luz del escenario parpadeó otra vez.

—¡Apágalo! —gritó alguien desde la cabina.

Sebasflow retiró el micrófono, pero ya varias cabezas se habían vuelto hacia él. El niño de la cubeta dejó de golpearla. La mujer del bolso se asomó bajo su abrigo. Incluso algunos vendedores se acercaron a las vallas.

El hombre del impermeable se llevó una mano a la frente.

—Vas a quemar el equipo.

—Entonces déjeme cantar antes.

—Esto no es una prueba.

—Para mí sí.

Por un instante solo se oyó la lluvia. Sebasflow sintió el agua correrle por el cuello y meterse bajo la camiseta. Tenía frío, pero la voz le salió firme cuando volvió a hablar.

—No tengo una canción terminada. No tengo banda. Ni siquiera sé si este micrófono va a durar treinta segundos. Pero llevo demasiado tiempo esperando que todo esté listo. Si me bajo ahora, voy a seguir esperando.

El hombre no respondió. Miró la cabina, después el escenario y finalmente a la gente que empezaba a reunirse bajo los toldos.

—Treinta segundos —dijo—. Sin pista. Si falla el sonido, paras.

Sebasflow subió a la tarima.

El agua le goteaba desde la capucha. Frente a él, la plaza parecía un mosaico de paraguas, cajas de madera y rostros borrosos por la lluvia. No había músicos que lo acompañaran. No había una melodía grabada. Solo el ruido de las gotas y el zumbido inestable de los altavoces.

Tomó aire.

—Esta canción no está terminada —dijo al micrófono—. Pero esta parte sí.

Alguien soltó una risa. Sebasflow cerró los ojos un instante. Pensó en las noches frente al espejo, en las frases tachadas, en el teléfono con una grabación incompleta. Pensó en la voz que siempre le decía que esperara un poco más.

Entonces comenzó a cantar.

La primera línea salió baja, casi escondida bajo la tormenta. El sonido del altavoz vibró, se apagó durante una fracción de segundo y regresó con un eco metálico. Sebasflow no se detuvo. Cambió el ritmo, dejando que las palabras avanzaran como podían, apoyadas en el golpeteo de la lluvia.

Cantó sobre empezar de nuevo sin tener un mapa. Sobre caminar con los zapatos mojados y seguir viendo una luz al otro lado de la plaza. Sobre no saber cómo terminar una canción, pero conocer el motivo para comenzar otra vez.

En la segunda frase, el niño de la cubeta empezó a marcar un pulso suave. Una vendedora golpeó con los nudillos el borde de su puesto. El ruido no era perfecto, pero sostenía la voz.

Sebasflow abrió los ojos.

El hombre del impermeable seguía junto a la escalera, con la carpeta apretada contra el pecho. Ya no parecía dispuesto a echarlo. En la cabina, una mano ajustaba los controles para evitar que el sonido se cortara.

El micrófono chisporroteó.

Sebasflow sintió un tirón en el cable. La voz desapareció de los altavoces, aunque él continuó cantando. Durante dos compases, solo se escuchó la lluvia y el golpe de la cubeta. El silencio pudo haberlo derribado.

En lugar de detenerse, bajó el micrófono y cantó más fuerte.

La gente lo oyó sin ayuda de los altavoces. Su voz llegó áspera, directa, con las notas imperfectas y las palabras todavía buscando su sitio. Un hombre cerró su paraguas. La mujer del bolso levantó la cabeza. El niño sonrió y golpeó la cubeta con más fuerza.

El cable volvió a funcionar justo cuando Sebasflow alcanzaba la parte más alta. El sonido regresó con un rugido y la plaza entera pareció ensancharse. Él sostuvo la nota hasta que el pecho le ardió, luego dejó que la última frase cayera despacio.

La lluvia siguió golpeando los toldos.

Nadie aplaudió de inmediato. Sebasflow bajó el micrófono, convencido de que había confundido valor con imprudencia. El agua le resbaló por la nariz. El hombre del impermeable miró la carpeta como si buscara una respuesta entre las hojas.

Entonces el niño de la cubeta comenzó a aplaudir.

La vendedora se unió. Después alguien golpeó una baranda. En pocos segundos, el sonido creció por toda la plaza, desordenado y cálido. Sebasflow sintió que las piernas le temblaban, no por el frío.

El hombre del impermeable subió los escalones.

—¿Cómo te llamas?

—Sebasflow.

—¿Tienes una canción completa?

Sebasflow miró el micrófono mojado.

—Todavía no.

—¿Una banda?

—Tampoco.

—¿Equipo propio?

—Solo mi teléfono y una libreta.

El hombre cerró la carpeta.

—Bien. No puedes entrar al concurso de hoy. El escenario está cerrado y el sonido no aguanta otra actuación.

La alegría de Sebasflow se encogió.

—Pero acabo de cantar.

—Y por eso no te estoy pidiendo que te vayas.

El hombre arrancó una hoja de la carpeta y escribió algo apoyándose en el borde del escenario. La tinta se extendió un poco por la humedad.

—Hay una audición oficial la próxima semana. No estaba anunciada para cualquiera, pero puedo darte un turno.

Sebasflow tomó la hoja. Sus dedos dejaron marcas de agua sobre el papel.

—¿De verdad?

—El jueves, a las cinco de la tarde. Llegas con una canción original. Completa. Sin excusas, sin pistas prestadas y sin improvisar la mitad.

La plaza volvió a parecer demasiado grande.

—¿Una semana?

—Siete días. Si no traes una canción, pierdes el turno.

Sebasflow miró la libreta dentro de su bolsillo. Las páginas estaban dobladas y algunas frases se habían borrado con la humedad. No tenía una melodía clara. No tenía un final. Solo tenía el eco de lo que acababa de cantar y una hoja con una hora escrita en tinta azul.

—Voy a estar allí —dijo.

El hombre le sostuvo la mirada.

—Entonces más vale que esta vez termines lo que empieces.

Sebasflow bajó del escenario. El agua seguía cubriendo la plaza, pero el camino ya no parecía una barrera. Guardó la hoja junto al pecho y protegió la libreta bajo la chaqueta.

Al llegar junto a la fuente, escuchó que el teléfono vibraba. Lo sacó con cuidado. La pantalla mostraba la grabación de su actuación. El archivo se había detenido justo antes de la última nota.

Sebasflow observó la barra incompleta, el pequeño espacio vacío al final del audio.

Después levantó la vista hacia el escenario cerrado.

Tenía una semana para llenarlo.

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What's inside: 5 chapters

  1. 1. La audición bajo la lluvia
  2. 2. Una voz sin permiso
  3. 3. El archivo que faltaba
  4. 4. La canción contra el apagón
  5. 5. El primer coro de todos

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"El Nuevo Comienzo De Sebasflow" is a fiction book by Sebastian Briones with 5 chapters and approximately 10,904 words. La nueva etapa de Sebasflow mientras persigue su sueño de ser cantante.

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What is "El Nuevo Comienzo De Sebasflow" about?

La nueva etapa de Sebasflow mientras persigue su sueño de ser cantante

How many chapters are in "El Nuevo Comienzo De Sebasflow"?

The book contains 5 chapters and approximately 10,904 words. Topics covered include La audición bajo la lluvia, Una voz sin permiso, El archivo que faltaba, La canción contra el apagón, and more.

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